Thunder Hoop II: TH Strikes back – Retroanálisis

Hubo una época en la que España realizó algunos videojuegos para máquinas recreativas muy interesantes. Es posible que recuerdes juegos como World Rally (1993), Splash! (1992) o Alligator Hunt (1994), todos ellos programados por una empresa de Barcelona: Gaelco S.A. Otro de estos juegos fue TH Strikes back, en 1994, secuela del popular Thunder Hoop (1992).

El resultado es un run’n’gun de scroll horizontal similar a juegos como Metal Slug (Nazca, 1996), con un hardware en la línea de otros juegos de la empresa. Maquinaria que por cierto incluía un sistema de protección tan infame que hasta hace pocas semanas no había forma de emularlo. Vamos a aprovechar que  lo han conseguido para recordar este juego.

Nuestro personaje es el mismo chaval que en el primer juego, pero más mazao que Hulk Hogan y con hechuras tipo Goku de Dragon Ball. De jugar dobles, el segundo jugador tendrá como ávatar un guayabo rubio, petao y  con coleta digno de una telenovela venezolana. Este despliegue de musculitos tendrá que abrirse paso entre hordas de bicharracos corrupios, mutantes ginoides y jefes finales más duros que un clavo en un ataúd. ¡Todos los ingredientes para un juego de acción como Dios manda!

Los gráficos del juego son resultones incluso entre la competencia de la época. Ese mismo año Irem lanzó su último juego, Gunforce II, también conocido por ser el precursor del genial Metal Slug en 1996. TH Strikes Back responde más a los gustos españoles de la época. Es decir: bichos asquerosos, féminas mutantes con traje apretado y personajes fuertotes sacados de Dragon Ball. Es posible que no fueran punteros, pero los de Gaelco supieron ser suficientemente originales y darle el toque suficiente de gráficos cliché de arcade. El hardware de la máquina mueve sin problema montones de enemigos y explosiones en pantalla.

Como suele ser habitual en los juegos de Gaelco en esa época, el sonido y la música son pistas digitalizadas en lugar de usar los habituales chips de síntesis de audio. Esto permite sonidos poco habituales entre los juegos arcade de la época, como guitarras con distorsión muy resultonas y baterías cañeras. La desventaja de esto es la relativa baja calidad de la música, y lo repetitivo que resulta la misma tras oír los bucles varias veces. Aún con todo las ROMs del juego no ocupan más de 20 megabits, menos que algunos juegos de la Super Nintendo o de la Mega Drive, por lo que si contamos con ello el resultado no es tan malo. Las ROMs del cartucho del primer Metal Slug, por ejemplo, tenían más de 200 megabits de datos.

La jugabilidad del juego es similar a las referencias del género ya mencionadas, pero la dificultad tiende a estar algo descompensada. En las fases de scroll el juego es bastante asequible, pero los mostrencos de final de fase son como intentar meter un penalti con un globo: además de difícil es completamente injusto. Son capaces de aguantar un castigo físico brutal, y mientras tanto sus movimientos y ataques te harán perder vidas que es un gusto.

Las fases del juego no tienen una temática muy variada, se parecen a un emplazamiento industrial donde han ido a parar bichos de todos los colores. Sin embargo hay dos variaciones que se agradecen mucho: en uno de los niveles los personajes vuelan y el juego se convierte en una suerte de matamarcianos horizontal. La otra variación consiste en una especie de plataforma estilo vagoneta donde tenemos que esquivar barreras y saltar precipicios. El primero he conseguido pasarlo a la primera, pero en el segundo he mandado a hacer puñetas el juego ya que te obliga a empezar desde el principio cada vez que mueres. Me ha recordado al infame nivel de las motos del BattleToads (Rare, 1991).

Tras haber jugado por primera vez en más de 20 años, el paso del tiempo se nota. No en los gráficos y el sonido, que están muy bien y constituyen un buen ejemplo de la época de los 16 bit, sino en la jugabilidad. Puede parecer nimio, pero el control y los movimientos no son tan buenos como otros juegos parecidos, aunque tampoco impide que sea un juego divertido. En retrospectiva, el primer juego, Thunder Hoop, parece más original y es recordado como mejor por los jugadores, aunque su dificultad era implacable. Se rumoreó la existencia de una tercera parte, pero al parecer no hay fuentes que lo corrobore ni tampoco pantallas ni fotos de la máquina.

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