Los videojuegos más sobrevalorados

Una de las principales misiones de los blogs independientes es, en mi opinión, decir lo que la prensa profesional no puede o no le interesa decir. Si a Perrystation o Perry Consolas les diese por hacer una escabechina tras otra de crítica a los patrocinadores no les haría demasiada gracia.  Peor aún si la tomasen con videojuegos particularmente populares, ya que sus visitantes resultarían lesionados donde la espalda pierde su casto nombre.

Probablemente, esta sea la principal razón de que mis artículos jamás se publicarían en dichos medios

No soy ninguna clase de superhéroe, ni de periodista. De hecho, nadie jamás podría confundirme con uno. No obstante hay cosas que deben ser dichas, le pese a quien le pese y a riesgo de ser linchado por una turba de zelotes prepúberes cuyos sentimientos hayan sido lastimados. Voy a hablar de los juegos que, bajo mi punto de vista, han sido ampliamente sobrevalorados por la crítica y por los jugadores. (y por qué)

Halo (Bungie, 2001)

Una de las referencias de las consolas de Microsoft y uno de los favoritos de los adolescentes americanos, junto a los Gears of War. En realidad tiene buenos puntos a su favor, como sus bonitos escenarios exteriores o los vehículos. Sin embargo, no es nada que otros juegos no hicieran antes, y los niveles del juego son tan aburridos que los alienígenas vencerían dado que el personaje se aburriría de ver siempre los mismos enemigos y los mismos pasillos una y otra vez.

Salvo por los vehículos (que son escasos dado que desequilibran la jugabilidad completamente) hay decenas de juegos de tiros en primera persona tan buenos o incluso mejores, como Half-Life (Valve, 1998). En definitiva, no es un juego que inventara gran cosa, y su fama me parece mayormente exagerada, pese a tener algunos puntos fuertes.

GoldenEye 007 (Rare, 1997)

A este juego en particular se le atribuye una tecnología punta y ser prácticamente el primer FPS de la historia de las consolas. En particular, los jugadores prácticamente siente devoción por su apartado multijugador, que por otro lado es muy destacable. Con todo, la mejor baza del juego es haber sido lanzado a una plataforma construida alrededor de juegos que no se desvían en absoluto del camino pavimentado.

Ni los gráficos, ni el sonido, ni los niveles, el modo multijugador, la música o los controles pueden medirse al juego que era la referencia cuando fue lanzado: Quake II (Id Software, 1997). Es verdad que habríamos de esperar dos años para que fuera lanzado en PlayStation, pero incluso dentro del mundo de las consolas Duke Nukem 3D salió ese mismo año en todas las de 32 bit, y la versión de Quake en Saturn salió incluso antes. ¿Sería este juego tan largamente recordado de haber salido para Windows 95? Para mí que no.

Super Meat Boy (Edmund McMillen, 2010)

Del resurgir de los clásicos, los desarrolladores independientes fueron desarrollando diversas propuestas que variaron de petardos infumables (la mayoría) o de obras maestras intemporales. Super Meat Boy no está realmente en ninguno de estos extremos, pero alcanzó una popularidad enorme entre los jugadores jarcor. Sencillamente por ser difícil.

El reto del juego consiste en encadenar saltos y cabriolas y llegar intacto al final del nivel, algo en lo que no se hace más floritura que un apartado gráfico al estilo pixelado y con mucha sangre. Por algún motivo, a multitud de jugadores les ha parecido divertido el repetir una y otra vez lo mismo. Un servidor se queda con VVVVVV, creado por Terry Cavanagh ese mismo año, igual de feo y difícil pero con una jugabilidad por las nubes. Todo ello sin tener que estar haciendo lo mismo durante horas.

Super Mario 64 (Nintendo, 1996)

Vaya, esto son palabras mayores. Mario 64 es prácticamente la vaca sagrada de todo adulador de la nipona Nintendo, para la prensa especializada y para toda una generación de adoradores de los “clásicos”. ¿Por qué? Al parecer inventó las plataformas en 3D seis años después que Alpha Waves (Infogrames, 1990). Si nos ponemos señoritos con los gráficos, Bug! (Sega, 1995) destacó en la primera hornada de los 32 bits sin que por ello merezca un óscar.

Que nadie me malinterprete, pues no me parece un juego malo o mediocre, sencillamente su leyenda está fuera de toda perspectiva. No tiene nada de malo no inventar nada, pero incluso en esa tesitura no es un juego que pueda merecer mis plácemes teniendo alternativas como Crash Bandicoot (Sony) en ese mismo año. Mucho más bonito, divertido y con mejores personales sin necesitar el extra de hardware de la 64. Incluso dejándolo en que se trata de una cuestión de gustos, no merece ni por asomo las cotas a las que llegan las puntuaciones otorgadas por la prensa.

Soul Calibur (Namco, 1999)

Una de las consolas aparentemente más queridas fue la Dreamcast de Sega, precisamente por juegos como el que nos ocupa. Dado que se adelantó a PlayStation 2 o Xbox, durante un breve período de tiempo era el hardware de videojuegos más puntero que existía en consolas, y Soul Calibur le sacaba los colores como estaba mandado. ¿Qué más?

En realidad… nada más. Este machacabotones ha conseguido un ¡¡98%!! de puntuación en Metacritic haciendo lo mismo que Soul Edge (Namco, 1995), su antecesor, pero con gráficos bonitos. Probablemente el juego que más nota ha conseguido haciendo lo menos posible.

Undertale (Toby Fox, 2015)

Cada uno de los aspectos de este juego ha sido elevado a la categoría de obra maestra, y viene a revindicar que los juegos pueden tener una gran historia pese a carecer de gráficos punteros o de una gran productora detrás. Todo bajo la excusa de una super-original historia, cuya mayor originalidad es que no ocurra nada en absoluto y que aburra a las ovejas.

Si alguien tratase de jugar a todos los juegos que los aficionados han ido a parir con el RPG Maker moriría de viejo, y encontraría por el camino a cientos de juegos idénticos a Undertale. La mayoría igual de aburridos y con escenas que estás deseando que acaben porque no dicen absolutamente nada.

Final Fantasy VII (Squaresoft, 1997)

Sé que estas cosas duelen, y que muchos disfrutamos con su historia, y recordaremos para siempre cierta puñalada trapera alrededor de la mitad del juego. Pero ya somos mayorcitos, y tras 20 años es hora de que reconozcamos que la leyenda no está a la altura de la realidad.

No sólo se trata de un RPG particularmente bien hilado y producido, sino que su uso de las 3D aprovechaba las nuevas consolas y nos encandiló desde un primer momento. No es que fuera el descubrimiento de la pólvora, pues llevamos viendo RPGs en 3D desde Akalabeth (Richard Garriot, 1979), pero por fin se podían hacer verdaderas producciones multimedia en un juego de rol. Aún con todo, con tantas alternativas y tantos mundos más ricos que el de Final Fantasy VII, quedarse con él es no querer salir de la infancia. Por no hablar de que ese mismo año, aunque en 2D, Interplay sacó el primer Fallout, mucho menos recordado pero a todas luces un juego más complejo y profundo.

Legend of Zelda: Ocarina of Time (Nintendo, 1998)

Si le preguntamos al aficionado medio, nos dirá que Ocarina of Time es el mejor RPG en 3D de la historia, el mejor RPG de la historia, el mejor juego de la historia, el primer juego en 3D de la historia y el mejor juego de todos los tiempos. Todo sin atisbo de crítica o duda, ya que así se dijo ex cathedra. Para corroborarlo ya está la prensa especializada, cuyo concurso de popularidad al que llaman puntuaciones son elevadas al 99 o al 100 sin problemas.

Pero, ¿de verdad estamos ante una innovación tan importante o a un juego sin rival? Bueno, en todo caso es un buen juego, y su jugabilidad y desarrollo son un punto muy fuerte que lo hacen una de las estrellas de la Nintendo 64. Sus gráficos no son malos, y el diseño de niveles es particularmente bueno si nos gustan los saltos y plataformas, pero sigo sin comprender por qué es necesario tener personajes insípidos, una historia típica e infantil o unos diálogos que parecen sacados de un libro para críos. Es cierto que no hay mucha alternativa a RPGs de acción en 3D, incluso hoy pocos se atreven con este nicho, pero ni se puede comparar con la competencia. Sólo diré que Metal Gear Solid (Konami, 1998) salió ese mismo año.

Otros tantos

  • Shenmue (Sega, 1999): la gran aventura de un chico acartonao y con autismo que busca a su padre, en mitad de épicas batallas de pulsar teclas a lo Dance Dance Revolution. Que lo siga tanta gente es tan inexplicable como la mitad de sus escenas. Mi alternativa es Blade Runner (Westwood, 1997), que es superior en todos los aspectos. De Nomad Soul (Quantic Dream, 1999) hablamos otro día si eso.
  • Minecraft (Markus Persson, 2009): Un original juego de lego que demuestra que con el lenguaje Java también se pueden tener gráficos de hace 10 años. Entretenido para un rato y muy educativo, pero que sea el segundo mejor juego más vendido de la historia viene a demostrar la falta de criterio a la que se enfrentan los creadores de videojuegos del siglo XXI.
  • God of War (SCE, 2005): Ideal para que los adolescentes horteras den rienda suelta a su testosterona con un fornido adonis y muchos artificios en pantalla. Con una jugabilidad que es un completo engañabobos, es el orgullo y la alegría de los fans de la PlayStation, que se pierden entre musculitos y no ven la cantidad de juegos buenos que se han pardido en el género.
  • League of Legends (Riot Games, 2009): Se me hace raro incluir un juego al que nadie le canta las alabanzas como el mejor del mundo, pero que sea el más jugado en este momento tiene delito. No sólo eso, sino que más competiciones internacionales tiene, y más dinero tiene en juego. Se me rompe el corazón de ver que un juego de lo más mediocre sea el que ostente tal honor. Eso sí, la toxicidad de su comunidad de jugadores está más que a la altura.
  • Super Smash Bros. (Nintendo, 1999): Aparentemente otro de esos juegos tan divertidos como ver crecer la hierba que sus fans consideran que sus insulsos personajes han marcado su infancia. Para un jugador novato las reglas parecen no importar demasiado, y para uno experimentado consiste en aprender sus excepciones y físicas absurdas para machacar a los novatos. Si tan bueno es, casaos con él.
  • Borderlands (Gearbox, 2009): Su estética y su planteamiento rolero atraen, pero tras cien misiones idénticas se parece más a trabajar que a disfrutar jugando. De todas formas un juego de tiros no puede llamarse así si hay que medir cada bala que se dispara para no quedarse sin munición en seguida. Cualquier moropogogo coreano te permitirá trabajar gratis igualmente, al menos mientras hablas con otras personas afectadas del trastorno obsesivo-compulsivo.

Conclusiones

Yo mismo soy consciente que este artículo puede costarme algunas amistades, podría hacer que familias enteras se separasen y que de ser popular (menos mal que no) haría que mi buzón estallase rebosante de anónimos amenazantes. Puede que se trate de una cuestión de gustos, pero a veces las opiniones deben estar basadas en criterios o hechos, no sólo en lo que jugaste de niño y cuya nostalgia te impide ver más allá. Con todo, en ningún momento (salvo en alguno) declaro que se trate de juegos malos: sencillamente que no merecen su fama.

También puede esgrimirse que no todos los juegos son para todo el mundo, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero por este mismo motivo no quiero ni acercarme a Hearts of Iron (Paradox, 2002) por ejemplo, por lo pavoroso de su complejidad. Es por ello que sólo me he atrevido con juegos que haya podido jugar personalmente, y no he incluido ninguno bajo mera sospecha…

También hay que decir que faltaría nombrar alguno que otro superventas como el Carlos Duty de esta semana, pero tampoco veremos a nadie vociferar por ellos ni lamentar que un editor no les otorgue cierta puntuación.

¿Considero mi criterio más importante que otros? No necesariamente. Yo mismo tengo como favoritos juegos que no son precisamente un portento, y no los considero los mejores en nada. ¿Creo que tengo más criterio que la prensa especialista? De nuevo, no necesariamente: pero mientras nos atontemos con puntuaciones hechas para vender revistas seguiremos creyendo que Yastin Viver es la mayor estrella del rock del mundo.

2 opiniones en “Los videojuegos más sobrevalorados”

  1. Soy fan de muchos de los juegos que ahí mencionas, pero no te falta razón en muchas de las cosas que dices, aunque en muchas otras no esté e acuerdo. Eso sí. Lo que dijiste de Halo, lo suscribo al 100%

    1. Hay que tener criterio, no porque algo nos guste mucho significa que sea mejor o más importante. A mí también me gustaron mucho alguno de los juegos que puse por aquí.

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