Sid Meier’s SimGolf – Retroanálisis

Desde principios de los 90 y hasta el final de esa década había dos gigantes indiscutibles en los videojuegos de estrategia y gestión en el mundo PC: Maxis y MicroProse. Entre estas dos compañías prácticamente coparon los juegos de estrategia tipo “cinco minutos/turnos más”: SimCity (1989), SimCity 2000 (1993), Los Sims (2000), Civilization (1991), X-Com: Enemy Unknown (1994)…

MicroProse (posteriormente, el bueno de Sid Meier fundó Firaxis) y Maxis tenían un carácter fundamentalmente opuesto: los primeros ofrecían productos reflexivos, largos, lentos y profundos; mientras que la compañía de Will Wright diseñaba juegos con humor y cierta fantasía. Me emociona imaginar qué podría salir de una empresa conjunta.

Este fue en 2002 Sid Meier’s SimGolf, producido por Electronic Arts en plena época de fagocitación de empresas míticas. El resultado es una sorprendente mezcla de gestión empresarial con el deporte del taco y pureta por excelencia. De nuevo sorprendentemente, a pesar de llevar el nombre del creador de la saga Civilization, se trata de un juego sin excesiva profundidad, suficientemente sencillo para ser disfrutado por todos y con los toques simpáticos de los Sims. Todo en una interfaz muy visual, sencillo de jugar y con una parte deportiva al estilo de los juegos de rol. (tú apunta que yo disparo)

El jugador ha heredado una suma de dinero con la que comprar un terruño y hacer su sueño realidad: diseñar y construir un campo de golf digno de la SGA (Sim Golf Association) y ganar el premio del millón de dólares, todo ello mientras hace malabares para que la palestra de señoritos adinerados se dejen los jurdeles en los 18 dichosos hoyos. La forma de hacerlo es sencilla: decidimos la distancia con el tee y el green, añadimos la calle y decidimos la dificultad con la inclinación y los diversos obstáculos de los que disponemos. Todo ello mientras gestionamos las instalaciones del club para amenizar a nuestros jugadores, así como nuestra plantilla de jardineros y vendedores de “refrescos” que pateará los caminos.

La tecnología empleada no es un portento, ni siquiera para tener más de 15 años en el momento de escribir estas líneas. Sus gráficos en 2D son agradables, y la música es muy apropiada para el juego; pero hay muy pocos ajustes y ni siquiera se puede cambiar la resolución de 800×600 píxeles. Apenas se puede variar la dificultad de su jugabilidad, de la cual no se dice absolutamente nada durante el desarrollo, por lo que desconozco completamente su función. Tampoco se puede ampliar nada, ni tiene opciones para dos jugadores, su interfaz a veces es un incordio (de repente te toca golpear la bola, estás haciendo click para añadir un green y tiras la bola a tomar viento). Sería aceptable para videojuego de principios de los 90, pero en un producto de este siglo desmerece el resto de la jugabilidad de forma absurda.

Es cierto que el juego tiene puntos técnicos negativos, pero su divertidísima jugabilidad hace olvidar (parcialmente) estos aspectos. No sólo es ameno ir construyendo los hoyos imaginación mediante, además es muy gratificante ver a los vejestorios adinerados ponerse de todos los colores tratando de llevar la dichosa pelotita al hoyo. Eso y verlos soltar billetajos verdes al terminar, de cuya cuantía depende lo divertido que sea su periplo. Además podemos verles conversar, tener “historias” como “mi pez está malito” o “he visto un ovni” (literal). Tendremos que gestionar también que no se mueran de sed, que tengan disponibles sus carritos eléctricos o que hagan el holgazán y jueguen de forma fluída.

Un aspecto que también ameniza mucho el percal es el sonido. Para ser un juego que cabe en un CD tiene variedad de efectos de sonido, con multitud de detalles (como tocar una nota de una melodía clásica en cada click al emplazar el fairway) o de efectos tipo Hanna Barbera. Los efectos musicales, sin ser unos temazos memorables, dan color a la ambientación y contribuyen al ambiente típico de la gente del taco en los 90. De hecho, parte de su encanto, deriva de la imageniería llena de churretes de esta subcultura, presente también en las caricaturas tipo Sims y en la cultura de los famosos, los cuales poblarán nuestro campo de golf cuando proporcionemos parcelas para hacer sus casitas.

El apartado deportivo del juego complementa a la perfección la parte de gestión, y es todo lo accesoria que el jugador prefiera. El objetivo vital del personaje es ganar su torneo, por supuesto; pero bien podemos ignorarlo completamente y ser un magnate podrido de dinero. Si optamos por jugarla tampoco hay prisas, y no necesita prácticamente ninguna destreza. En realidad se parece más a un sencillo de juego de rol: el personaje tiene una serie de estadísticas (dive, hierros, gancho, etc.) y debemos indicarle los golpes a realizar. Dependiendo de nuestras habilidades el tiro tendrá más o menos éxito, y a la larga podremos mejorar las habilidades del personaje con miras a ganar el torneo. Bueno, o a que nos den una paliza gitana.

La acogida de este lanzamiento fue más fría que el abrazo de una suegra. No tuvo una publicidad grande, y el personal estaba más ocupado alabado y criticando (al mismo tiempo) a los Sims, o pegando tiros en algún Grand Theft Auto. En todo caso, la crítica otorgó puntuaciones mayormente positivas al juego… y la crítica de jugadores fue mayormente inexistente. Como nota curiosa, existió otro lanzamiento titulado SimGolf programado por Maxis en 1996 que recibió aún menos atención. ¿Se trata de un segundo intento? A saber.

Jugar hoy en día a Sid Meier’s SimGolf sigue siendo una experiencia divertida.  Los gráficos no están demasiado desactualizados, y lo único que echa para atrás son sus carencias técnicas o su interfaz anticuada, lo cual puede ignorarse sin demasiado esfuerzo gracias a lo divertido que es su desarrollo. Bueno, a no ser que tengas Windows 10: por culpa del maldito DRM, que explotaba una vulnerabilidad del sistema (corregida en Windows 10), no es posible jugarlo “legalmente” en este sistema operativo. (Pista: funcionará si se actualiza a la versión 1.02 y se usa un crack creado por MyTH)

Este es otro de los juegos a los que añadir a mi lista de “merecen un remake y no lo tendrán”. Es una lástima que haya pasado sin pena de gloria por el mundo de los videojuegos, dado que por ello Electronic Arts jamás se arriesgaría a hacer un juego similar. En el golf recientemente tenemos Golf Story (Sidebar Games, 2017) en Nintendo Switch, y en gestión tuvimos un juegazo llamado Theme Hospital (Bullfrog, 1997). No es gran cosa después de tantos años, pero es imprescindible para los amantes del género.

Por último, agradecer a mis amigos golfistas el acompañarme en esta reseña de este clásico:

  • El palo tieso
  • El hierro sátiro
  • La bolita inquieta
  • La enana vendedora
  • Don Birdie y don Eagle
  • El caddie morsegón
  • Y por último, don  Me-cago-en-los-muertos-del-búnker.

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