SimAnt: retroanálisis

Cualquiera lo diría, pero este juego de estrategia es la precuela espiritual de Los Sims (2000). Un título único y original, fruto del mejor momento de la genial mente de Will Wright, de Maxis, la mente detrás de SimCity (1989).

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Los juegos más experimentales y los simuladores más complejos eran cosa de los ordenadores de finales de los ’80 y de los ’90. Entre ellos, está este curiosísimo SimAnt, que salió en 1991. Sólo vendió unas 100.000 copias, y desgraciadamente pasó sin pena ni gloria por las estanterías de las tiendas especializadas. Pese a todo, se trata de un juego único e interesantísimo, muy educativo y entretenido.

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La pantalla de título, en MS-DOS para VGA

El juego fue programado para Macintosh, pero las versiones de MS-DOS y PC-9801 (un ordenador japonés) fueron igual de buenas. La versión de Amiga, por desgracia, estaba muy a la zaga, y la de Super Nintendo era todo un despropósito. La versión de DOS es la más accesible, y funciona perfectamente en DosBOX, así que es la recomendada en este caso.

El juego salió traducido al español, aunque no del todo. Algunos menús y las infografías incluidas en el juego sólo están disponibles en el idioma de Shakespeare, algo muy extraño. Pero menos da una piedra.

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El menú del juego, en perfecto inglés

El juego es una mezcla de juego de estrategia y simulador empresarial, aunque en este caso gestionamos una colonia de hormigas. Como aficionado a la mirmecología, este juego es toda una satisfacción, no hay ninguno que sea ni tan divertido ni tan bien hecho. El Imperio de las Hormigas (2000) es el único parecido, pero no es tan completo (apenas hay apartado de gestión) y es poco jugable y torpe.

Al principio seremos una hormiga alada recién fertilizada, por lo que cavaremos el primer hormiguero y nos convertiremos en una reina. A partir de entonces podremos manejar la hormiga que queramos, sea una obrera o una soldado. También podremos elegir ser la reina o una hormiga alada, pero no hacen gran cosa.

El objetivo del juego completo es, por un lado, luchar contra las hormigas rojas. Debemos reproducirnos y crear nuevos hormigueros, asaltar a la reina roja y ser la única supercolonia de la casa. El segundo objetivo no es, ni más ni menos, que conquistar el jardín… y echar a los humanos de la casa. Para ello, debemos gestionar el ciclo reproductivo de la colonia, formar pelotones para luchar contra el enemigo y establecer estrategias para recoger comida.

También podemos optar por el juego rápido, que se limita a una zona del jardín obviando las demás colonias, con el único objetivo de eliminar la competencia. Por último, tenemos el modo experimental en el que seremos un humano que, bueno, experimenta con ambas colonias y que no tiene más objetivo que el de aprender su comportamiento.

Todos los modos tienen en común el escenario, que empieza siendo el césped del jardín. Además de las dos colonias de hormigas acechan muchos peligros, como las arañas, las hormigas león… o el malvado y espantoso cortacésped. También existen otros habitantes, como los gusanos o las cochinitas. En el modo completo, además, podemos llegar a hacer incursiones y conquistar la casa, cambiando el escenario por la moqueta y los azulejos.

Además de original y bien diseñado, el juego es sumamente divertido. Aunque ofrece poca variabilidad, hay diversión para rato. Hay mucho que investigar, y cuando el juego completo sabe a poco siempre podemos pasar al modo de experimentación.

Como humano, somos el dios ante las indefensas hormigas. Podemos construir paredes, putearlas con rocas, confundirlas poniendo rastros de feromonas erróneos… o ser un ente benévolo enviándoles comida desde el cielo o guiándolas. El juego, si bien no es científicamente correcto en todos sus sentidos, sigue bastante bien la lógica de una colonia de alguna especie no especificada. (por el color, se diría que las negras y rojas serían lasius y solenopsis, respectivamente)

Otro de los aspectos educativos del juego consiste en un pequeño índice informativo sobre el mundo de las hormigas. Hoy en día este tipo de elementos está algo obsoleto debido a Internet, pero en 1991 o tenías una enciclopedia en papel o bien un software educativo. Está en inglés, eso sí, incluso en la versión en español.

Pese a que la versión original es la de Macintosh, las demás versiones del juego son virtualmente idénticas. El control en MS-DOS es el mismo, debiendo dejar pulsado el botón del ratón para abrir el menú contextual, e incluso el sonido del sistema operativo se ha trasladado a MS-DOS para que suene exactamente igual.

El juego no es difícil, pero como cada partida es distinta nos podemos meter en un berenjenal sin saberlo. Un punto negativo es que, tras los primeros minutos de juego, toda la acción se desarrolla prácticamente sola. Podemos, eso sí, ser los líderes de un pelotón e ir a por nuestros enemigos, y controlar la producción de distintas castas o planificar otras colonias, pero si ponemos el juego a toda velocidad el juego seguirá solo. Eso sí, está en mano del jugador el organizar los ciclos reproductivos.

Por último, una característica graciosa del juego es el «modo tonto». Al activarla, podremos leer los pensamientos de las hormigas, que van desde su tarea actual («Debo recoger comida») a lo que les pasa por la cabeza en ese momento («¡Ojalá fuera una reina!»). Vale la pena activarlo siempre, dado que es divertido y no afecta al resto del juego.

Los gráficos del juego aprovechan la alta resolución del Macintosh por un lado y de VGA por otro. También puede jugarse en EGA y otros tantos modos de vídeo, lo cual por supuesto no tiene sentido hoy día. No tiene muchos colores, pero están aprovechados y representados adecuadamente. Realmente, el juego no mejoraría demasiado con gráficos mejores. La versión de Super Nintendo tiene algunos detalles con muchos colores, pero sigue siendo un bodrio.

Las animaciones no son particularmente llamativas, pero ofrece primeros planos de la acción cuando ocurre algo, como la trofalaxia (compartir comida) o la muerte en las mandíbulas de un enemigo.

El sonido y la música son testimoniales, aunque este apartado tampoco tiene demasiada importancia. Acompañan en momentos puntuales, pero tampoco son dignos de destacar. Quizá la mayor virtud de este juego es que es sencillo en su apariencia y tan complicado como queramos hacerlo, tratando de emular el comportamiento de estos insectos eusociales.

Dado su modesto paso por el mundillo, no se realizaron secuelas o juegos similares. Sin embargo, la idea de Los Sims surgió durante la programación de este juego, dado que su creador pensó que sería más interesante simular la vida de los habitantes de la casa que de las hormigas. Esta idea les hizo de oro, aunque terminaron siendo fagocitados por la araña, Electronic Arts. De momento nos quedamos sin otro simulador de hormigas.

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