Hace poco hablábamos de la primera parte en nuestra dosis periódica de retroanálisis, y alguien comentó que sería una buena idea analizar su segunda parte. ¡Y aquí está! ¡Si es que nos salimos de la pelleja!

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De nuevo tenemos a los dos raperos, ToeJam y Earl, que después del primer juego consiguieron volver sanos y salvos a casa, con su apreciada nave intacta. Desgraciadamente pasa lo siguiente: el interés suscitado por su nave hizo que se introdujeran polizones, ¡Y ahora están molestando a todos sus vecinos! Así que, manos a la obra, estos dos habitantes de Funkotron (que así se llama su planeta, manda carallo) van a limpiar su planeta de la escoria terrícola a base de… tarros. Sí, se ve que volvemos al humor surrealista.

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No vas a poder dejar un rincón sin registrar.

Seguimos teniendo un juego de exploración, pero esta vez de vista lateral, haciendo de éste un juego de plataformas. Y en lugar de buscar la salida, tendremos que buscar a los terrestres para meterlos en cómodos tarritos, y sacarlos de nuestro planeta en una nave. Al menos esta vez vamos “armados”, pero los enemigos son si cabe más feroces (y originales).

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Dos atroces enemigos: un hada fea que lanza polvos de risa y un exhibicionista.

El juego sigue teniendo un gran componente de exploración, dado que se puede buscar en las copas de los árboles, en los arbustos, en las alcantarillas… pero para ayudarnos a buscar disponemos de un inestimable FunkScan, el cual tiene cierta cantidad de cargas. Aun así, revela todo tipo de información útil, como por ejemplo el contenido de una alcantarilla, de un arbusto o si existen puertas secretas en las cercanías.

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Galvanize! My finger is on the button.

También existen multitud de puzzles, como botones en sitios recónditos o parquímetros (¡!) que hacen cosas chulas, como hacer aparecer regalos o comida. U otros botones, parqúmetros, plataformas o infinidad de cosas. Lo malo es que a veces tenemos un límite de tiempo, recortando manifiestamente nuestra libertad de acción.

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El increíble FunkScan. O eso o los protagonistas toman LSD.

Uno de los cambios a peor ha sido la desaparición del modo de pantalla partida: Ahora los personajes deben estar en todo momento en la misma, con el inconveniente de tener que seguir el mismo ritmo o ir por el mismo sitio. Al menos no han quitado de un plumazo el modo de dos jugadores. Las opciones por su parte siguen siendo limitadas, pero en este caso tampoco hay tanto que elegir, dado que el juego es mucho más lineal.

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Los personajes peleándose por seguir su camino.

Por suerte el juego ahora no se hace tan lento, ya que la mecánica propicia que sea más dinámico. El control, sin ser una maravilla es adecuado, aunque a veces el movimiento de la pantalla y el gran tamaño de los personajes dificulta el salto de una plataforma a otra. De todas formas el juego es bastante permisivo, así que hay una plataforma donde debería haberla.

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Nuevos y gonitos escenarios.

Sin embargo lógicamente no sólo hay cambios para peor: ahora también hay más personajes amigos de los protagonistas, que encuentras por ahí y que dan información útil sobre el nivel. También hay casas en las que llamar al timbre, dando lugar a hilarantes diálogos.

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En efecto: eso es una hamburguesa con alas. Tócate las narices.

En esta ocasión se han incluído también algunos minijuegos que sirven para ganar puntos (que a su vez se transforman en vidas cada cierto número) o funks, que sirven para activar el FunkScan. El más destacado consiste en un rapeo con los amiguetes, a cambio de una moneda. En este minijuego tenemos que seguir la secuencia de ritmos que suena por el BoomBox del funky de turno. El otro es un salto artístico en cama elástica, con jueces puntuando y todo.

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Yo sinceramente no sabía que esto era funk.

También se ha añadido una fase de bonus, donde el personaje corre en una lisérgico paisaje y tiene que evitar los vórtices que le llevan al mundo original y recoger regalos antes de que se acaba el tiempo. Lamentablemente ahora ya no tenemos sistema de inventario, así que los regalos se usan nada más recogerlos.

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¡¡AA LA MIERDA!!

El apartado gráfico del juego ha mejorado, siendo los personajes mucho más complejos y coloristas. Lamentablemente esto pone de manifiesto el reducido número de colores en pantalla que mostraba la Mega Drive, pero sin terminar de estropearlos. Siguen manteniéndose las bromas tipo americanas, como el que se caiga una bola de bolos de una palmera y te atice en la cabeza o el niño negro que juega al béisbol.

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Hola, ¿está el Litri?

En el tema de sonidos, en el juego se conservan las melodías del juego anterior remezcladas. La verdad es que las del juego anterior estaban mejores, en esta ocasión se intentan emular más sonidos y con peor resultado. Además la batería no es digital, sino sintetizada FM y no suena tan bien. (Salvo en los rapeos)

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La funkspiradora, que mete en tarros todos los enemigos de la pantalla de una tacada.

Para darle una mayor durabilidad y valor replay, el juego tiene varios objetos esparcidos por todo el ídem, los objetos perdidos de LaMont, un personaje que, según el manual, te querrá más o menos si le llevas más o menos objetos. De hecho, si no le llevas ninguno al final del juego, ni siquiera aparece. Afortunadamente aparece Trixie, personaje que los que se pasaron el primer juego recordarán.

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Una muy digna secuela, pero que no consigue captar la esencia del original. Si jugaste al primero, es impresdincible. Si no, es recomendable. A no ser, por supuesto, que el género no te atraiga.