Un videojuego es como un hijo y como tal hay que ponerle un nombre. Afortunadamente no estamos restringidos y podemos ponerle el que queramos. De hecho, es prácticamente obligatorio ponerle un nombre que nadie haya usado antes. Como en la vida real, hay padres que deberían ser inhabilitados como tales, por culpa del nombre que le han puesto a su retoño. En los videojuegos pasa lo mismo, y si no que se lo pregunten a los que bautizaron su creación como “Frogger”.
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En este artículo trataremos sobre este a priori poco apasionante tema. No parece tan asombroso como hablar de las últimas tecnologías gráficas, o de los periféricos más estrambóticos, pero cuando uno se mete en el fregao descubre multitud de cosas curiosas. Veámoslas pues.




